Crónica de cábalas y mundiales
Ustedes no saben esto y puede que no me crean, pero con mi familia hicimos que Argentina ganara el mundial. Mi mamá, mi viejo y yo, hicimos que Argentina sea campeón del mundo.
El primer mundial que recuerdo es el de Francia 98. Yo tenía 9 años, no me interesaba realmente el fútbol y tampoco me interesa demasiado hoy. Pero recuerdo que el inicio de ese mundial me fascinó por completo. En las calles de París habían puesto en cuatro puntos de la ciudad cuatro “robots” gigantes y toda la ceremonia de apertura consistía en verlos atravesar la ciudad hasta que se encontraban en el estadio para el partido inaugural. Quedé cautivado por las imágenes de esos robots atravesando la ciudad pero luego me enganché con el Mundial porque con mi mamá y mi papá vimos juntos jugar a la selección. Quise seguir la historia de ese grupo de personas que jugaba a la pelota y quería salir campeón y quería festejar con mis viejos al final.
Recuerdo que lloré cuando quedamos eliminados en cuartos de final ante Inglaterra. Creo que fue la primera vez que lloré viendo algo en la tele. A partir de ese mundial quedó establecido que los partidos de la selección se verían en familia.
Hicimos eso durante las Eliminatorias y en el mundial de Japón Corea 2002. Al menos en las situaciones en las que podíamos. Los partidos en este caso coincidían con el horario del colegio. Tenía que verlos, más bien escucharlos con mis compañeros. No disfruté tanto de eso, sentía que estaba intentando integrarme a una comunidad de varones futboleros a la que no pertenecía. Quedamos afuera en primera ronda. Un poco estaba convencido de que fue porque no vi los partidos en mi casa con mis viejos.
Para Alemania 2006 yo ya estaba en plena adolescencia. Era mi último año de colegio y estaba siempre en plan de reunirme con mis amigos de curso, sobre todo si había alguna chica que me gustara. Pero los horarios de este mundial propiciaban verlos en mi casa con mis padres. Creo que poco antes habíamos visto a Messi ganar por primera vez algo con la selección, creo que eran los juegos olímpicos. Por eso en este mundial veníamos con envión, así lo sentía yo. Así que para el partido de cuartos de final arreglamos entre todos los del colegio verlo en la casa de Ximena. Íbamos casi todos, un montón de chicos y chicas. Nos reunimos todos y vimos a la selección quedar afuera. Tuve que ver el partido en un rincón casi sentado en el suelo porque éramos muchos. Ese año tampoco me pude levantar a ninguna de las que me gustaba.
Ya en Sudáfrica 2010 retomé la tradición de verlo con mis viejos. Los tres solos. Creo que este año incorporé una nueva cábala o no sé bien cómo llamarla. Lo que hacía era no mirar al televisor cuando estaban cerca de nuestro arco. Me iba a otro rincón y giraba la cabeza, cada tanto me volteaba para pispear algo pero me quedaba de espaldas al televisor. No terminó de funcionar esa cábala porque nuevamente quedamos afuera en cuartos.
En Brasil 2014 yo ya estaba viviendo solo. En realidad vivía con mi mejor amigo Rubén. Para mis padres ese fue un gran golpe. Los había dejado solos, creían que me había cansado de ellos. Por eso casi todos los partidos los vi acompañándolos, para revivir el viejo ritual de verlos juntos. Hubo un solo partido que no vimos juntos. Creo que fue el partido de cuartos de final. Lo vi en mi departamento con Ruben y algunos amigos. Pero no la pasé bien. A la mayoría de los que estaban ahí realmente no les importaba demasiado el partido, y está perfecto, para ellos simplemente era una excusa para reunirse a comer una picada. Pero yo sabía que en mi casa mis viejos lo estaban viendo y sufrían cada gol en contra o cada oportunidad perdida.
Mi padre tampoco era muy futbolero pero amaba profundamente cualquier demostración de valor argentino. Cualquier circunstancia en la que mi viejo podía sentir orgullo nacional era el doble de importante para él. Cualquier circunstancia en la que el pueblo pudiera tener la oportunidad de festejar algo emocionaba a mi viejo. Por eso fue tan importante ver llegar a Argentina a la final de este mundial.
En el partido anterior modifiqué mi cábala y lo que no miré fueron los penales. Y funcionó. Ya en la final estuvimos los tres juntos mirando el partido. Tenía que ser en este mundial. Teníamos que poder al fin festejar algo. Pero no fue así. No ganamos. Aún habiendo perdido sentí la necesidad de salir. Me fui hasta el obelisco, yo y unos miles más. Se llenó de gente, era un caos. Luego de pasear un rato me metí a un cine. Solo al salir me enteré de los incidentes que hubo.
Rusia 2018 fue la debacle, la pérdida de esperanza. Sufrimos las eliminatorias en las que casi quedamos afuera y sufrimos el mundial. Algunos partidos los ví solo en mi departamente, otros en el trabajo y otros con mis viejos. No tengo ningún recuerdo de este mundial. Creo que nos pasó por arriba.
Luego Messi anunció que dejaba de jugar en la selección. Mi padre se enojó con él, por abandonar, por tirar la toalla. Mi madre lo defendía, diciendo cosas muy similares a la carta que Enzo Fernández le escribiría a Messi. No nos merecemos a Messi, lo castigamos, lo insultamos, le exigimos, él nos da todo lo que puede pero no lo perdonamos cuando falla.
En 2020 vino la pandemia. Durante los primeros meses no vi a mi padres. Me quedé en mi departamento y ellos en su casa. Hacíamos videollamadas y les mandaba por Whatsapp qué podían ver en la tele. Fue difícil. Les insistí hasta el hartazgo en que se cuiden pero en 2021 mi papá se enfermó. Quedó internado por COVID durante 14 días, tuvo una neumonía bilateral por lo que tuvieron que pasarlo a terapia intensiva. No lo vimos ni escuchamos su voz durante dos semanas. En esas dos semanas había empezado la Copa América en Brasil.
Volví a vivir con mi vieja para cuidarla. Para que no esté sola. Para hacernos compañía. Para superar esto juntos. En el día a día llamábamos a la clínica, le llevábamos ropa o alguna comida, y en casa veíamos lo único que podía distraernos un poco. Casi sin darnos cuenta vimos a la selección ganarle la semifinal a Colombia. Aquí ya dejé de aplicar mi cábala de no mirar los penales porque me dí cuenta que el Dibu Martínez se iba a atajar todo lo que le tiraran.
Luego de dos semanas nos dejaron ver a mi papá. La sala de terapia intensiva no fue un lugar agradable de visitar. Nos dejaban ver a nuestro familiar por 15 minutos. Era todo el tiempo que teníamos después de dos semanas. Cuando lo ví por primera vez estaba semi inconsciente, no reconocía del todo donde estaba. Cuando abrió los ojos y me vió me pidió que lo saque de ahí. No podía hablar mucho porque tenía una mascarilla para respirar, lo único que pude hacer fue ponerle un tema de folklore para que escuche. Le gustaba, movía la cabeza mientras lo escuchaba. Luego me fuí y lo dejé solo nuevamente.
En casa con mi madre vimos la final contra Brasil. Estaba aterrorizado, no quería volver a ver perder a la selección ahora solamente con mi madre, los dos deprimiendose por situaciones que estaban completamente fuera de nuestro alcance. Estaba aterrado de ilusionarme por festejar algo y que luego esa ilusión se me vaya entre las manos.
Pasó la final. Y ganamos. Ganó Argentina. Con mi mamá nos abrazamos, saltamos, gritamos, lloramos. Mi mamá deseaba que mi viejo estuviera allí, yo también. Pero ahora podría contarle algo bueno cuando se recupere. Podía mostrarle el video de como ganamos mientras los visitaba. Así fue el siguiente mes, mi viejo salió de terapia, se fue recuperando lentamente. Le mostré el resumen de la Copa América, no entendía demasiado, no era lo mismo ver un festejo un mes después pero se ponía contento por la selección.
Así llegó Qatar 2022, mi padre quedó con secuelas, durante el resto de ese año tuvo que luchar también contra un tumor que le descubrieron durante la internación. Fue difícil. Más difícil que antes. La situación iba empeorando y el mundial se postergó para Noviembre. A medida que se acercaba yo pensaba en que tal vez era el último mundial que mi viejo vería.
Este mundial no fue como los anteriores. Había algo en el aire. Una cierta sensación de que esta era la última oportunidad. El último mundial de Messi, el último mundial que veríamos como familia. Luego de la muerte y resurrección de la selección entre 2018 y 2021 también vino la momentánea muerte de mi padre durante sus dos semanas de terapia intensiva, porque yo realmente pensé que se moría allí. Pero revivió momentáneamente para llegar a este campeonato, para llegar a ver estos últimos partidos juntos.
Porque finalmente, no se si llamarlo cábala o no, pero verlo los tres juntos era lo que hacía todo especial. El único partido que no pude ver con ellos fue el primero y dicho y hecho fue el único que perdimos. Luego de eso vimos todos los partidos juntos. Mi papá en su sillón especial, yo sentado en el sillón más grande con mi mamá. Ella a la derecha, yo a la izquierda. Siempre con una botella de agua cerca. Con los perros rodeandonos. Con la televisión en la TV Pública. Mi viejo tirando pequeñas críticas, mi vieja defendiendo a los jugadores, yo casi en silencio. Los tres con la esperanza de que tal vez después de tanto tengamos una excusa para festejar algo.
Así vivimos la final contra Francia. Después de tanto tiempo, pude gritar con mis viejos que Argentina era Campeón del Mundo. Mi madre no dejaba de repetir que se lo merecían, mi papá lloraba de felicidad. Luego los tres nos abrazamos, luego mi padre pidió que abriera la puerta, porque quería escuchar los festejos en la calle. Así fue el último mundial que vimos juntos.







